Tu mente crea tu destino… y los cabrones que te rodean
Hay libros que nacen de una idea y otros que nacen después de darte unas cuantas hostias contra la realidad.
Este pertenece al segundo grupo.
Durante mucho tiempo hemos escuchado que nuestros pensamientos crean nuestra realidad, que debemos pensar en positivo, confiar en nosotros mismos y convertirnos en nuestra mejor versión. Y sí, hay una parte de verdad en todo eso. Tu mente influye en la persona que eres y en el camino que terminas recorriendo.
Pero hay algo que casi nunca se cuenta: no vives solo.
Puedes trabajar tu mente, cambiar tus hábitos, levantarte después de caer y decidir que quieres construir una vida diferente. Pero a tu alrededor hay familia, amigos, compañeros de trabajo, jefes, instituciones y personas que también influyen en lo que piensas, en lo que haces y en quién crees que debes ser.
Y algunos no llevan precisamente buenas intenciones.
De ahí nace Tu mente crea tu destino… y los cabrones que te rodean.
Es un libro sobre pensamiento, carácter, relaciones humanas y poder personal. También trata de aprender a distinguir entre quienes te ayudan a crecer y quienes necesitan que sigas siendo la versión de ti que ellos pueden controlar.
Porque una semilla puede tener toda la fuerza del mundo dentro, pero no crecerá igual en una tierra fértil que entre piedras, cemento y malas hierbas.
No pretendo enseñarte a desconfiar de todo el mundo ni convertirte en un ermitaño con una escopeta vigilando la puerta. Quiero proponerte algo más útil: que aprendas a pensar por ti mismo.
Que reconozcas tus propios patrones, entiendas de dónde vienen algunas de tus creencias y te preguntes quién está influyendo en tus decisiones. Que dejes de pedir permiso para cambiar.
Crear tu destino no consiste únicamente en ocuparte de lo que ocurre dentro de tu cabeza. También exige mirar de frente lo que ocurre a tu alrededor.
En estas páginas encontrarás historias, experiencias personales, reflexiones sobre el trabajo, la familia y la sociedad, y unas cuantas verdades incómodas contadas sin demasiados adornos.
Porque algunas cosas se entienden mejor cuando dejamos de ponerles azúcar.
Pepe Miranda
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