El cuervo sombra y la tormenta.
Fábula El cuervo sombra y la tormenta La lluvia se lleva lo que no cubriste. La rabia se lleva lo que todavía podías hacer. La tormenta pasa. Lo que no pasa es quién decides ser mientras la aguantas. Había un burro que odiaba el cielo. Si había nubes, rebuznaba. Si hacía sol, también. Vivía con las orejas gachas, esperando la hostia, y casi siempre la encontraba, porque quien espera desgracias las ve hasta donde no las hay. Un día lo pilló una tormenta de las gordas camino del mercado. El burro se plantó en mitad del camino a rebuznarle al cielo, a cocear el barro, a exigirle a la lluvia que parase. La lluvia no le hizo ni caso. Cuando escampó, la mitad de la carga estaba echada a perder y él estaba hundido hasta las rodillas, ronco y sin fuerzas. Desde la rama de un olivo seco, un cuervo negro como el alquitrán lo observaba sin moverse. Lo llamaban el Cuervo Sombra, porque aparecía siempre que alguien estaba a punto de ver su propia oscuridad. —Qué mala suerte la m...