Inteligencia emocional: 7 señales y 6 ejercicios que de verdad sirven

 


Hace unos años me di cuenta de algo que me escoció un poco: sabía bastante de muchas cosas, pero muy poco de lo que me pasaba por dentro. Me enfadaba en una reunión y no sabía muy bien por qué. Le contestaba mal a quien menos se lo merecía. Y luego, ya en casa, me pasaba media noche dándole vueltas a la cabeza.

Fue entonces cuando empecé a leer sobre inteligencia emocional y, siendo sincero, me cambió la forma de mirarme. En este artículo te cuento qué es, explicado sin tecnicismos, cuáles son las 7 señales que, para mí, indican que la tienes (aunque nunca te lo hayas planteado) y los ejercicios que a mí me han servido para entrenarla. Porque sí, se entrena. Y eso es lo mejor de todo.

Qué es la inteligencia emocional (explicado fácil)

El concepto se hizo famoso a mediados de los noventa gracias al libro Inteligencia emocional, del psicólogo y periodista Daniel Goleman. Pero la idea venía de un poco antes: en 1990, los psicólogos Peter Salovey y John Mayer publicaron un trabajo en el que la describían, dicho con mis palabras, como la capacidad de reconocer, entender y manejar las emociones, tanto las propias como las de los demás, y de usar esa información para orientar lo que pensamos y hacemos.

Su modelo la divide en cuatro habilidades que, cuando las lees, te suenan de la vida diaria:

  • Percibir las emociones: darte cuenta de lo que sientes tú y de lo que sienten los demás, también por su cara, su tono o sus silencios.
  • Usar las emociones para pensar: aprovechar tu estado de ánimo en lugar de luchar contra él.
  • Comprender las emociones: entender de dónde vienen y cómo pueden ir cambiando.
  • Gestionar las emociones: regularlas para que te ayuden en vez de arrastrarte.

Goleman, por su parte, llevó todo esto a un terreno más cotidiano, el del trabajo, la pareja o la familia, y habló de aspectos como el autoconocimiento, el autocontrol, la motivación, la empatía y las habilidades sociales.

Si tuviera que resumirlo en una frase, diría esto: la inteligencia emocional no consiste en no sentir ni en estar siempre de buen humor. Consiste en darte cuenta de lo que sientes, entender por qué lo sientes y decidir qué haces con ello. Es la diferencia entre que la emoción te lleve y que tú vayas a su lado.

7 señales de que tienes inteligencia emocional

No hace falta haber leído ningún libro para tenerla. Mucha gente la ha desarrollado a base de vivir, equivocarse y aprender. Estas son las señales en las que yo me fijo.

1. Sabes ponerle nombre a lo que sientes

No te quedas en el "estoy mal" o "estoy raro". Eres capaz de distinguir si lo que sientes es frustración, cansancio, celos o miedo. Parece una tontería, pero no lo es: cuando le pones nombre a una emoción, deja de ser una nube difusa y se convierte en algo con lo que puedes trabajar.

2. No reaccionas en caliente (o cada vez menos)

Te enfadas, claro que sí. Pero has aprendido a dejar pasar unos segundos antes de contestar ese mensaje o de soltar esa frase que luego lamentarías. No se trata de tragarte lo que sientes, sino de elegir el momento y la forma de expresarlo.

3. Escuchas para entender, no para responder

Cuando alguien te cuenta algo, no estás preparando tu respuesta mientras habla. Prestas atención a lo que dice y también a cómo lo dice. Y muchas veces captas que detrás de un "no pasa nada" sí que pasa algo.

4. Te recuperas de los golpes sin quedarte a vivir en ellos

Un fracaso, una crítica o un mal día te afectan, como a todo el mundo. La diferencia es que te permites sentirlo y, después, eres capaz de levantar la cabeza y seguir. Te duele, pero no te define.

5. Sabes decir que no sin sentirte culpable

Conoces tus límites y los respetas. Puedes rechazar un plan, un encargo o un favor sin dar mil explicaciones y sin pasarte el resto del día sintiéndote la peor persona del mundo. Cuidarte a ti también es una forma de cuidar tus relaciones.

6. Aceptas las críticas sin tomártelas como un ataque

Cuando alguien te señala algo que has hecho mal, no saltas a la defensiva a la primera. Separas lo que has hecho de lo que eres, te quedas con lo que te sirve y descartas lo que no. A veces cuesta, pero lo intentas.

7. Pides perdón cuando te equivocas

Y lo haces de verdad, sin el típico "perdona, pero es que tú…". Reconocer un error no te hace más pequeño. Al contrario: dice mucho de tu seguridad y de lo que te importa la otra persona.

Si te has visto reflejado en varias, enhorabuena. Y si no, tranquilo: yo hace unos años habría suspendido en la mitad. Para eso está lo que viene ahora.

Cómo entrenar la inteligencia emocional: 6 ejercicios que a mí me funcionan

La buena noticia es que esto no es un don con el que se nace o no. Es un conjunto de hábitos, y los hábitos se practican. Te dejo los ejercicios que más me han ayudado. No hace falta hacerlos todos a la vez: elige uno o dos y empieza por ahí.

1. El diario emocional de cinco minutos

Cada noche, antes de dormir, escribe tres cosas: qué has sentido hoy con más intensidad, qué lo provocó y cómo reaccionaste. Sin juzgarte, solo observando. Al cabo de unas semanas empezarás a ver patrones: situaciones, personas o momentos del día que te disparan siempre la misma emoción. Ese descubrimiento vale oro.

2. La pausa antes de reaccionar

Cuando notes que algo te remueve por dentro, haz una pausa breve antes de hacer nada: respira hondo un par de veces y pregúntate "¿qué estoy sintiendo ahora mismo?". Al principio se te olvidará y te acordarás cuando ya hayas reaccionado. Es normal. Con la práctica, esa pausa llega cada vez antes.

3. Amplía tu vocabulario emocional

Muchas veces solo usamos cuatro palabras para describir lo que sentimos: bien, mal, enfadado y triste. Haz una lista con todas las emociones que se te ocurran (decepción, impaciencia, nostalgia, alivio, vergüenza, orgullo…) y tenla a mano. Cuantas más palabras tengas, mejor podrás entenderte y explicarte.

4. Una conversación al día escuchando de verdad

Elige cada día una conversación, con tu pareja, un compañero de trabajo o tu madre, y proponte escuchar sin interrumpir, sin dar consejos y sin mirar el móvil. Antes de contestar, resume lo que has entendido: "O sea, que te sentiste…". Te sorprenderá lo mucho que cambia la conversación.

5. Pregúntate qué necesitas

Detrás de cada emoción suele haber una necesidad. El enfado puede esconder que necesitas que te respeten; la tristeza, que necesitas parar; la ansiedad, que necesitas sentir algo de control. Cuando te notes removido, pregúntate: "¿Qué necesito yo ahora?". Y luego piensa en un pequeño paso para atender esa necesidad.

6. Pide una opinión sincera

Esta es la que más cuesta. Pregúntale a alguien de confianza cómo te ve cuando te enfadas, cuando estás estresado o cuando las cosas no salen como esperabas. Escucha sin defenderte y dale las gracias. Los demás ven partes de nosotros que nosotros no vemos, y esa mirada externa es un espejo muy útil.

Para terminar

Si algo he aprendido en estos años es que la inteligencia emocional no es un destino al que se llega, sino un camino que se recorre cada día. Hay días en los que lo haces de maravilla y otros en los que vuelves a reaccionar en caliente como si no hubieras aprendido nada. Forma parte del proceso. Lo importante es darte cuenta, ser amable contigo y volver a intentarlo.

No necesitas cambiar tu forma de ser. Solo conocerte un poco mejor y tratarte, y tratar a los demás, con algo más de comprensión. Créeme: se nota en el trabajo, en casa y, sobre todo, en cómo te sientes contigo mismo.

Y ahora te toca a ti: ¿con cuál de estas 7 señales te has sentido más identificado y cuál te cuesta más? Cuéntamelo en los comentarios. Me encanta leeros y, quién sabe, igual tu experiencia le sirve a otra persona que está pasando por lo mismo.

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